viernes, 19 de octubre de 2007

LA PERFECCIÓN NO EXISTE

Si buscamos información sobre la Antigua Grecia, bien sea en los libros, bien en Internet, casi siempre nos encontramos con unas características comunes:

Grecia es, mejor dicho, fue la cuna de la civilización occidental.
En Grecia existió la primera democracia, (en algunos libros y/o documentales incluso aseguran que era “pura”, por la participación total del pueblo en la elección/destitución de los representantes designados).
Durante el período de la Grecia Clásica vivieron los grandes “sabios” que establecieron los fundamentos de muchas de las doctrinas actuales.

Partiendo de la base de que la perfección no existe (al menos bajo el punto de vista de una servidora), se podrían poner algunas pegas a estas afirmaciones.

Por ejemplo, teniendo en cuenta que Grecia como país en la antigüedad no existía, sino que era un conglomerado de ciudades-estado rivales entre sí (el caso más notable son las numerosas guerras que hubo entre Atenas y Esparta), da un poco de miedo pensar que fue la cuna de la sociedad occidental. Aunque este hecho también podría explicar los numerosos enfrentamientos civiles y continentales que han sufrido los países europeos siempre.

Si intentamos sacar alguna conclusión beneficiosa, podríamos decir que las personas artistas del Renacimiento se fijaron en el arte griego (escultura y arquitectura) y lograron algunas de las obras artísticas más hermosas que ha creado el ser humano. Como contrapunto, los griegos establecieron una serie de cánones de belleza, buscando la perfección, que (adaptados a la sociedad actual), aún perduran. Nada de defectos, nada de imperfecciones, ni físicas ni morales. Podrían decirse muchas cosas sobre sus “perfecciones morales”.

Democracia. Hermosa palabra. Nació en Atenas, hace muchos siglos. La creyeron perfecta, infalible. Pero nació con un “pequeño” defecto de fábrica. Todo aquel que formase parte de la ciudad de Atenas, podía participar en la Asamblea que elegía a los representantes de la ciudad. Ya fuese carnicero, agricultor, orfebre, constructor o porquero, tuviese riquezas o no. Sólo tenía que cumplir tres requisitos: NO SER ESCLAVO, NO SER METECO Y… NO SER MUJER.

Los esclavos, o mejor dicho, las personas privadas de libertad eran inferiores, no podían opinar, pues estaban sometidas al poder superior de las personas que las retenían.

Los metecos eran extranjeros o forasteros, que se establecían en Atenas y que aunque sí tenían que pagar impuestos –pagaban según las riquezas que tenían, debían cumplir una especie de servicio militar- no gozaban de derechos de ciudadanía, no podían participar de esa “perfecta democracia”.

¿Y las mujeres? Seres inferiores por naturaleza, privadas de inteligencia, “adornadas” con los peores defectos que pudiera tener el ser humano, recipientes que albergaban los frutos de grandes hombres; ¿cómo podrían opinar nada en la Asamblea? No estaban capacitadas.

Existía democracia, pero no creo que fuese pura, ni mucho menos. Bajo el punto de vista de los griegos clásicos era preciosa, claro, sin embargo, las mujeres llevamos mucho tiempo intentando demostrar que no hay que coger sólo lo que nos conviene de nuestros antepasados, sino continuar mejorando lo bueno y rectificando lo malo.

El mundo de la mujer por “naturaleza” era la casa, el “oikos”. Allí podía correr libremente (siempre dentro de sus muros), charlar, llevar los asuntos domésticos, cuidar de sus hijos y esclavos…, en fin, todo un lujo. Si era rica lo tenía aún peor, porque como había esclavas/os que se encargaban de realizar las tareas domésticas, sólo salía a la calle para visitar a alguna amiga o para algún acto en concreto donde se venerase a los dioses.

¿Qué mujer no soñaría con llevar una vida así? Pues resulta que hasta el siglo pasado (s. XX, hace tan sólo 8 años) había muchas mujeres que vivían más o menos así, incluso hoy, puede que haya muchas en esas condiciones (quiero pensar que no tan extremas). Afortunadamente, podemos elegir a quien nos gobierna y no tenemos que esperar a que sea fiesta para salir a la calle.

Hasta nuestros días han llegado textos escritos por filósofos, matemáticos, literatos, etc. Nos saturamos de escuchar los nombres de Platón, Aristóteles, Sócrates, Herodoto y así hasta casi la centena prácticamente. Si queremos indagar sobre las mujeres en la Grecia Clásica, siempre nos encontramos con los mismos nombres: Safo de Lesbos y Hipatia de Alejandría.

Nos encontramos con la “división” de los “grandes sabios” sobre las mujeres:

- ESPOSA: Para la perpetuación de la especie. Siempre ciudadanas.
- HETAIRA: Para el deleite intelectual. Siempre extranjeras, cautivas de guerras.
- PORNAE: Para el deleite del cuerpo. Prostitutas.

Al menos sabemos de Safo y de Hipatia, pero ¿qué hay de Theano de Crotona (matemática y mujer de Pitágoras), Diotima (filósofa), Corinna (poetisa), Lanthinea (filósofa), Aglaonike (matemática),… y algunas más?

Lo triste es que cuando buscas algo de información sobre estas mujeres, sólo aparecen 2 ó 3 líneas a lo sumo sobre su vida y los datos suelen ser supuestos. Si cualquiera de nosotras quiere saber, debe acudir a bibliotecas universitarias o especializadas, previo pago de una cantidad para ser socia y teniendo que cumplir el requisito de ser universitaria, pertenecer a algún centro de investigación o a alguna institución oficial. Si no cumples, no accedes a la información; lo que me lleva a otro campo del pensamiento.

Sin embargo, dejaré que vosotras/os lleguéis a vuestras propias conclusiones y no caigáis en la trampa de pensar que es oro todo lo que reluce.

Texto entregado en el taller: Mujeres en la historia, Iluminando Sombras, curso 2006/2007

Página web con textos de autores clásicos sobre el tema: http://www.culturaclasica.com/

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