lunes, 17 de diciembre de 2007

MARIA MAGDALENA, 1ª PARTE

La mayoría de la información disponible sobre esta inquietante mujer, que por cierto no es mucha y además está enredada, la tenemos en la Biblia. Hace no mucho el interés por ella volvió a despertar cuando salió a la luz parte del contenido de un evangelio apócrifo encontrado en el siglo XX en Egipto. Tampoco puede saberse mucho sobre ella partiendo de este documento, llamado el evangelio de María Magdalena -aunque parece ser que fue escrito por otra persona-, pues al parecer, aunque se hallaba guardado en una vasija de barro, las hormigas, que son espectaculares, se encargaron de ir comiéndose pedacitos del texto dejando así enormes lagunas sin resolver.


Puede que María Magdalena naciese en Magdala, un pueblecito de pescadores cerca de Jerusalen. Por eso a veces podemos encontrarnos su nombre como María de Magdala.


Según los expertos, si fue así, llevó probablemente una vida de penurias, pues vivir vendiendo pescado en aquella época no era muy fácil. Además, en aquel entonces la zona estaba bajo domino del Imperio romano, y las familias pobres que no tenían con que pagar sus tributos o se endeudaban más de lo que podían devolver, ofrecían a sus hijos como pago de esas deudas.
La situación de las mujeres tampoco era muy espléndida. Nadie se fiaba de una mujer soltera y María Magdalena lo era cuando decidió seguir a Jesús.


Cuentan las sagradas escrituras que Jesús sacó siete demonios del cuerpo de María antes de que ella decidiese unirse al grupo de seguidores. Las personas dedicadas a la investigación, se atreven a aventurar que tal vez María fingiese estar poseída para evitar o bien ser vendida como esclava y por ende prostituta, o bien para no tener que casarse.


Sea como fuere, ahí tenemos a María Magdalena, salvada de sus demonios y siguiendo a un hombre por el que se sintió impresionada. El evangelio apócrifo de María Magdalena cuenta (o al menos los expertos en griego copto de la época así lo interpretan) que ella era la discípula preferida de Jesús.

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