viernes, 17 de octubre de 2008

EL AMOR CORTÉS - 1ª Parte



¿Qué es el amor cortés? Los historiadores han opinado casi siempre que el amor cortés era la relación platónica que existía allá por la época medieval, entre una dama y un caballero.

Normalmente, la dama era una gran señora, es decir, estaba casada con un señor feudal y, por tanto, inalcanzable. El caballero era por norma general vasallo del señor.

Pero, ¿realmente era platónico este amor? Tal vez no. Cierto que la dama se mostraba asequible, era su deber por otro lado.

Recordemos que lo que se esperaba de una mujer casada en el siglo XII, con el matrimonio recién institucionalizado por la Iglesia, era decencia, respeto y sumisión a su esposo.

Por tanto, este tipo de cortejo podía poner en peligro el honor, no de la dama, si no de su dueño y señor, su esposo.

Vayamos por partes.

Como decía al principio, las personas dedicadas a la investigación siempre, o casi siempre, han creído que el amor cortés era una relación platónica. Georges Duby -historiador dedicado a la época medieval principalmente en la última etapa de su vida- creía que en muchos casos no era así, sobre todo si se analiza la literatura que ha llegado hasta nuestros días.

También ha existido la creencia de que en esta especie de movimiento cultural se ensalzaba a la mujer, se la colocaba en una situación de la que se había visto privada desde el albor de los tiempos. Con poder de decisión. ¿Era así?

Al parecer, analizando objetivamente los textos, veremos algo bastante distinto.

¿Qué hacían esas damas adoradas hasta el más íntimo rincón de su ser ante semejante situación?

Primero, decidían si querían aceptar el cortejo. Luego, si aceptaban, habían de permanecer siempre en ese peldaño superior en el que el caballero las situaba, distintas pero atentas, sublimes pero inalcanzables.

¿Y quién participaba en esta trama?

* La dama: mujer de posición social dominante y casada
* El joven: en aquella época solían ser jóvenes célibes
* El amor: digamos que no era ese amor etéreo, más bien era entendido como "apetito carnal".

Una mirada furtiva a una figura que tan sólo mostraba su rostro, en la que se adivinaba el pelo tras el velo, donde sólo podía imaginarse el cuerpo oculto bajo el vestido. A partir de ese instante, el joven, acosado por una necesidad absoluta, tenía como único objetivo poseer a esa mujer.

Asediaba a la dama, se humillaba ante ella, pues era la mujer del señor feudal, estaba por encima de él en el estatus social. Abandonaba su libertad y se entregaba por entero. Se convertía en su súbdito, algo que por otra parte ya era real, pues el joven solía estar al servicio del marido.

La dama era libre de aceptar o rechazar la ofrenda. Si aceptaba perdía esa libertad, pues entraba en el "juego" y quedaba envuelta en esa "prisión cortés".

Las reglas del amor cortés obligaban a la elegida, igual que un vasallo con su señor, a entregarse finalmente por completo.

El amor cortés era un juego. Ganar significaba cobrar la presa. Los maestros de este juego eran los hombres.

Un saludo, Mila.

1 comentario:

Minerva dijo...

Hola Mila

Interesante lo que comentas sobre el amor cortés, de hecho he hallado cierto punto aclaratorio, yo imaginaba tal como mencionas al inicio que se trataba de algo platónico y que la protagonista sería una joven soltera ... curiosa la fijación de los jóvenes de la época medieval hacia las mujeres casadas ... y pensar que hasta ahora todavia se ven ciertos casos parecidos, jajaja.

Un saludo!