sábado, 20 de febrero de 2010

Josefina Manresa Marhuenda


Más allá de ideales políticos, más allá de toda clase de interpretación partidista y subjetiva, más allá de todas las circunstancias que rodearon la vida y la muerte del poeta, este año 2010 se celebra el centenario del nacimiento de Miguel Hernández Gilabert.
Con más allá señalo las disputas posteriores y actuales entre diversas instituciones y los herederos del legado del autor, que hasta hoy, se siguen manteniendo. También quiero alejarme de interpretaciones políticas y subjetivas como digo al principio, porque creo que para apreciar la obra de un autor o autora es necesario conocer sus circunstancias, pero no utilizarlas para fines no literarios.
Miguel Hernández nació el 30 de octubre de 1910. Aunque su familia no era pobre (pobre de no tener un mendrugo de pan que llevarse a la boca o pobre de tener que vestirse con pantalones hechos de sacos de harina gruesos y ásperos), Miguel tuvo que dejar los estudios a su pesar para trabajar como pastor del rebaño que poseía su padre.
Por los datos que he revisado hasta ahora parece que era un hombre muy inteligente, así que aunque dejó el colegio no abandonó los libros. Entre sus poemas y el cuidado de las cabras y ovejas tuvo tiempo de enamorarse. Se enamoró de una mujer, Josefina Manresa Marhuenda, que era su antónimo intelectual. Josefina estudió poco más de un año y luego se puso a trabajar como costurera. Hija de guardia civil, su moral estaba acostumbrada al conservacionismo de la época, y más en un pueblo como era entonces Orihuela.
De sobra es conocido el periplo del poeta entre Madrid y Orihuela antes del comienzo de la Guerra Civil y su participación en ésta. Lo que tal vez no sea tan conocido es que Josefina, que sufrió la guerra, la pérdida de su madre, la muerte de su primer hijo, el encarcelamiento de su marido y su muerte, permaneció fiel al poeta y a los principios morales que tanto podían llegar a desesperar a Miguel Hernández.
Para mí es tan importante la figura de Josefina Manresa como la de Miguel Hernández. Las personas que estudian la vida y la obra del poeta ven en ella a su musa, su inspiración para grandes poemas, otras no creen que esto sea así, piensan que en el fondo Miguel Hernández escribía sobre la imagen idealizada de su esposa, no sobre la verdadera; incluso algunos afirman que muchos de los poemas de “El Rayo que no cesa”, cuya dedicatoria tiene divididas a las personas estudiosas de la obra de Miguel Hernández, no están dedicados a Josefina, sino a otra mujer.
Sea como fuere, Josefina estuvo ahí, a su lado. Idealizada o real, inspiró la pluma del autor y, lo que resulta más importante para las personas de generaciones posteriores, cuidó de su legado, de su obra. Bien porque el autor se lo pidiera, bien porque ella lo quiso, gracias a su celo han llegado hasta nuestros días poemas originales, cartas y escritos que podían haber desaparecido en el caos y en el miedo de la posguerra. Josefina cuidó de agrupar toda la obra de Miguel, aunque a veces le resultó imposible, y además nos obsequió con la obra “Recuerdos de la viuda de Miguel Hernández”, donde nos relata su vida junto al poeta y su vida propia.
Josefina transmitía la imagen de una mujer sencilla y, aún golpeada por los avatares del destino, sonriente, que sólo quería que se hiciera justicia al poeta, al hombre; y no sólo una justicia administrativa (Miguel Hernández estaba condenado a la pena de muerte por sus ideas políticas y por dedicarse a actividades literarias, entre otras cosas, todavía en el año 2009, recordemos que aunque se le conmutó la pena por la de 30 años, el poeta murió de tuberculosis en la cárcel), sino una justicia universal.
No se celebra este año el centenario del nacimiento de Josefina, pero sí pienso que es de justicia celebrar el centenario recordándola y haciendo una mención especial a esta mujer, a la mujer que nunca dejó que Miguel Hernández quedase perdido en el limbo del olvido.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Que Josefina Manresa tuviese pocos estudios y que viviese en un ambiente muy conservador no quiere decir que fuese tonta.
Y su labor, que duró un montón de años en un ambiente caracterizado por la intolerancia, muestra a una mujer tenaz y capaz de pensar por si misma.

Anónimo dijo...

Hola anónimo,
Es por eso que me parece que es de justicia reivindicar su persona, porque aunque no fuese una mujer instruida como Miguel, sabía lo que quería en la vida y sobre todo y ante todo fue fiel a si misma mientras vivió.
Por eso creo que es necesario resaltar su figura en el año del centenario del poeta.
Un saludo, Mila.

Pablo D. dijo...

Una grandísima mujer, sin duda.

Hay que agradecerle el haber guardado con tanto celo la documentación de su marido. Gracias a ella se puede estudiar la obra de Miguel Hernández de una manera más profunda.

Un saludo!

Júlia dijo...

Un gran blog, felicidades!!!

La verdad, me admiran esas mujeres supervivientes, los hombres en la literatura y en la política, ellas sufriendo las consecuencias y intentando tirar adelante como fuese.

Mila dijo...

Hola Julia,
Mil perdones por no responder antes, pero he estado liada con unos exámenes.
Gracias y espero poder publicar nuevas entradas pronto.
Un saludo, Mila.

Anónimo dijo...

Mila, si puedes cambia la fecha de nacimiento de Miguel. El 2010 queda de pena. Se ve a la legua que es un error, pero hace daño a la vista... Por lo demás, sigue trabajando así, enhorabuena.

Mila dijo...

Hola anónimo,
Acabo de regresar de vacaciones y he visto tu comentario. Más que hacer daño, espeluzna, y no me di cuenta hasta que no me lo señalaste. Mil gracias. Ya está corregido. Un saludo, Mila.